Los roscos de San Blas protagonizan una de las fiestas más queridas de La Puebla de Cazalla
Cada 3 de febrero, La Puebla de Cazalla revive una de sus tradiciones más arraigadas con la celebración de San Blas, una festividad que combina devoción, convivencia y sabores que forman parte de la memoria colectiva del municipio.
La bendición de los roscos
Como marca la costumbre, vecinos y visitantes se reúnen por la tarde en la Plaza Vieja, junto a la Parroquia Nuestra Señora de las Virtudes, para llevar a bendecir los tradicionales roscos de San Blas. Estos dulces, con forma de guirnalda y adornados con lazos de colores o colocados en cestos y canastas, se convierten cada año en el gran símbolo de la jornada.
Una tradición que pasa de generación en generación
La tradición popular atribuye a los roscos bendecidos propiedades protectoras frente a los males de garganta, especialmente frecuentes en esta época del año. Por este motivo, también es habitual acompañarlos con una rosca de pan, elaborada de manera especial por los panaderos del municipio para esta fecha tan señalada.
Devoción, identidad y encuentro
La festividad de San Blas no solo mantiene viva una creencia popular, sino que refuerza el sentimiento de identidad y el encuentro entre generaciones en La Puebla de Cazalla. Una cita anual que vuelve a reunir al pueblo en torno a una tradición sencilla, pero profundamente arraigada.