El Museo de Bellas Artes de Sevilla recupera el esplendor de una Virgen de la etapa de madurez de Juan de Mesa
Hacia el final de su vida, en plena madurez creativa, el escultor barroco Juan de Mesa (Córdoba, 1583- Sevilla, 1627) aceptó el encargo de ejecutar dos obras para los retablos colaterales del coro de legos del monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas: 'San Juan Bautista' y 'La Virgen con el niño', también conocida como 'La virgen de las Cuevas', que hoy se exhiben en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Dichas esculturas formarán parte de la exposición conmemorativa del cuarto centenario del fallecimiento del artista andaluz.
Con ocasión de la muestra, que abrirá sus puertas en noviembre de 2026, ya se ha llevado a cabo la restauración de una de las tallas, 'La Virgen con el niño'. Esta escultura en madera de cedro revela la maestría alcanzada por Juan de Mesa, quien las ejecutó tras quedar en suspenso en 1621 el encargo realizado inicialmente a su maestro, Juan Martínez Montañés. Dos años más tarde, la propuesta fue otorgada al imaginero cordobés por el mismo dinero y en las mismas condiciones que al artista nacido en Alcalá la Real (Jaén).
La consejera de Cultura y Deporte, Patricia del Pozo, durante una intervención junto a la obra de Juan de Mesa.
La vinculación que muestra esta 'Virgen con niño' no se detiene, sin embargo, ahí, ya que esta imagen ha sido relacionada con la Virgen con el Niño que Montañés realizó para el Oratorio de San Isidoro del Campo, aunque con diferencias formales y expresivas. Igualmente, la escultura, de modelado magnífico y telas finamente estofadas, permite apreciar la profunda huella que el artista jiennense dejó en su discípulo, si bien llevándola a un terreno de mayor realismo y barroquismo.
La imagen, de tamaño inferior al natural y compuesta por tres grandes bloques unidos, conserva su policromía original, de tonos claros y con decoración de oro en los ropajes. La talla de Juan de Mesa inspirará, además, otras análogas, como la Virgen de la Oliva que Alonso Cano legó a la parroquial lebrijana. La pieza, explica el restaurador Ignacio Bolaños, "se encontraba, aunque en apariencia no se veía mal, en un estado deficiente. Estaba ennegrecida por la suciedad y tenía los ensambles muy marcados. Cuando la estudiamos, además, con luz ultravioleta nos dimos cuenta de que había muchos repintes y restos de barnices oxidados que camuflaban la riqueza de la policromía, tanto las encarnaciones como los estofados".
El proceso de eliminación de repintes ha permitido devolver el primitivo tono rojizo con adornos dorados al cantarito que porta el Niño.
La restauración, que ha llevado casi un año de trabajo y que ha contado con la colaboración de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes de Sevilla, arrancó con los preceptivos estudios previos y radiográficos, análisis estratigráficos y la fotografía con luz ultravioleta, que permitieron abordar el proceso con todas las garantías. La intervención integral, que ha sido llevada a cabo por Ignacio Bolaños, ha permitido fijar los estratos polícromos, limpiar los superficiales y eliminar la suciedad producida por repintes y barnices envejecidos.
Trabajos de limpieza de suciedad y barnices oxidados en la encarnadura del Niño.
El proceso de limpieza, relata Ignacio Bolaños, ha hecho posible devolver, por ejemplo, su primitivo tono al cantarito que porta el niño. Este objeto, hasta ahora de color marrón oscuro, ha vuelto con la restauración a su color rojizo con pequeños motivos dorados, "simples pero muy bonitos, dejándolo lo más parecido a su aspecto original". También se han recuperado las zonas donde faltaba oro o estaba desgastado con oro fino al agua, aunque limitándose solo a las zonas dañadas
La intervención en el soporte ha consistido, explica el conservador-restaurador, en la consolidación de grietas y fisuras, colocando chirlatas de madera en las aberturas de los ensambles, la inserción de espigas de madera en los orificios y la sustitución de tornillos industriales de metal por espigas de madera, todo ello en madera de cedro, la misma que la de la talla, lo que redunda en una mejor conservación de la obra.
Posteriormente, se estucaron todas las faltas de policromía, así como grietas, fisuras y zonas espigadas en la fase anterior. Después se procedió a la reintegración cromática con técnica acuosa, finalizando la intervención con la primera aplicación de barniz, el ajuste de color con pigmentos al barniz y una capa de protección final. "La limpieza ha sido grande y activa", explica Ignacio Bolaños sobre una escultura de la etapa de madurez de Juan de Mesa que puede disfrutarse, junto a otras obras maestras del barroco andaluz, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.