La rutina de muchos de los que habitamos en los municipios de Osuna, Marchena y Arahal se convierte en una pesadilla constante. Cada día, cientos de nosotros apostamos por el uso del tren de Media-Distancia, porque queremos seguir apoyando y haciendo vida en nuestros pueblos. Sin embargo, nuestra comarca choca con una realidad ferroviaria que parece castigarnos por no vivir en la capital.
Nuestra apuesta por el mundo rural iría de la mano con algunos de los compromisos suscritos en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas. Si nos enfocamos en el ferrocarril con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) dictaría una realidad muy distinta a la que realmente vivimos: la garantía de un transporte sostenible, accesible y asequible (ODS 11); la reducción de emisiones de CO2 a nivel global, por pasajero y kms (ODS 13); y el uso de infraestructuras fiables e innovación (ODS 9).
Sin embargo, más allá de los objetivos, el lema de esta agenda sonaría con cierto sarcasmo en nuestros andenes: ‘No dejar atrás a nadie’. El marco teórico del equilibrio territorial tiene como objeto garantizar servicios de calidad, además de fomentar vínculos económicos y sociales entre otros. Concretamente se define: “Apoyar los vínculos económicos, sociales y ambientales positivos entre las zonas urbanas, periurbanas y rurales fortaleciendo la planificación del desarrollo nacional y regional”. La pregunta que nos hacemos es inevitable ¿De qué planificación de desarrollo nos hablan?
Para poder entender el problema al que se enfrentan muchos vecinos y vecinas, analizamos un día cualquiera como el pasado 12 de febrero de 2026. El tren de primera hora de la mañana, con salida de Marchena a las 06.42 horas tiene un retraso de 22 minutos.
La respuesta oficial ofrecida a los pasajeros fue la siguiente: “Información de tu viaje a San Bernardo del 12/02/2026 debido a una incidencia en su tren MD13051 sufre una demora de 22 minutos. La hora estimada de llegada a Sevilla Santa Justa es a las 07:59 h. Ten en cuenta que este tiempo puede variar o ajustarse a lo largo de su recorrido”. Bajo esta respuesta ‘protocolaria’ se esconde la realidad de cientos de trabajadores y trabajadoras, así como estudiantes que ven como su jornada empieza con el pie izquierdo a causa de retrasos, que en su mayoría se dan limitación de velocidad en un tramo de Osuna-Marchena. No es una incidencia puntual, son constantes minutos que día tras día se convierte en tiempo robado para cada uno de los usuarios.
Sin embargo, este calvario es solo la punta del iceberg de un servicio deplorable. Al retraso se suma un deterioro estructural de los vagones, que en el tren MD13051 resulta insostenible. Durante más de un año, hemos sido testigos de cómo una zona del vagón 3 se convierte en un “colador” de agua en techos, suelo y ventanas. Las filtraciones llegan a acumular agua en el suelo que se agrava los días con más lluvia. Incluso hemos llegado a ver los propios asientos empapados, que usuarios han costeado con su billete y que no pueden usar durante el trayecto.
Por si fuera poco, la fantasiosa jornada del 12 de febrero guardaba una última sorpresa. A través de ‘Mi Tren’ – el grupo de WhatsApp donde los usuarios compartimos alertas en tiempo real – llegaban las imágenes del ocurrido en el tren MD 13908. En este caso no fue el agua, sino el mobiliario de la infraestructura lo que cedía aparentemente se trataba de la tapa de un registro de contadores que se encontraba junto al aseo, se desplomaba en pleno trayecto.
Aprovechamos estas líneas para recordar que tras dos semanas de suspensión del servicio ferroviario a causa de los temporales que han afectado a Andalucía, el primer día de la retoma del servicio, el tren de primera hora volvió a verse afectado por falta de mantenimiento. Muchos de los usuarios manifestaban lo siguiente: ‘Nos hemos quedado parados en medio de la nada’, ‘El maquinista ha parado el motor en dos ocasiones’, a causa de la acumulación de agua y entrada de la misma en la cabina del trabajador. Por este motivo, el convoy se vio obligado a realizar una parada técnica de ‘emergencia’ en la estación de Marchena, obligando a los pasajeros a finalizar el trayecto en autobús por carretera.
Esta es una muestra perfecta del servicio que recibimos como usuarios: una estructura que se cae a pedazos, mientras que nosotros como pasajeros y consumidores de este medio de transporte ‘eficiente’ no solo afecta a nuestra puntualidad, sino a nuestra seguridad. Aquí tenemos otra evidencia física de la falta de inversión y mantenimiento de nuestros trenes.
Es desolador comprobar de primera mano que el lema ‘no dejar a nadie atrás’ ignora a los usuarios de Osuna, Marchena y Arahal. La realidad en la Campiña sevillana es que nuestras reclamaciones ante estas situaciones se pierden en un ‘agujero negro burocrático’. Aparentemente cada queja presentada por situaciones similares como las anteriormente expuestas parecen acabar en el mismo lugar que nuestras esperanzas.
La Agenda 2030 parece más bien un escaparate utópico de sostenibilidad lleno de carteles publicitarios. El debate sobre el desarrollo e innovación no deben quedarse en los despachos: debe reflejarse en vagones sin ‘charcos’ y asientos en perfectas condiciones entre otras cosas. Señores responsables nuestra paciencia, de igual modo que sus trenes, ha llegado al límite de su trayecto.