El moronero José Luis González viste de azul y oro a la Virgen de los Dolores en el cartel de las Fiestas Patronales de La Rinconada

Comienza el mes de septiembre y La Rinconada comienza a mirar de lleno hacia sus Fiestas Patronales. La presentación del cartel anunciador de los cultos y celebraciones en honor a Nuestra Señora de los Dolores puso imagen a este mes que tiene a la Virgen de los Dolores, Patrona y Alcaldesa Perpetua de La Rinconada como protagonista. Este año, la firma corresponde a José Luis González Jiménez, joven artista de Morón de la Frontera que ha construido su obra desde una mirada especialmente cercana a la Virgen y al propio municipio.

La capilla de la Hermandad de los Dolores acogió este acto que contó con la asistencia de los delegados de Fiestas Mayores, Rafael Reyes y Silvia Torres, la representación de las hermandades y corporaciones de La Rinconada, encabezada por el párroco de Nuestra Señora de las Nieves, Luis María Hernández Villota, además de los hermanos y devotos de la cofradía que asistían a este acto que abre de lleno los días dedicados a la Virgen de los Dolores, con la presentación del cartel y la proclamación del Pregonero de los Dolores Gloriosos.

La obra de este año está realizada en técnica mixta sobre tabla, con unas dimensiones de 50 por 70 centímetros, y presenta a Nuestra Señora de los Dolores vestida de majestad. El rostro de la Virgen centra una composición en la que el oro, los pétalos y, especialmente, el azul construyen un lenguaje cargado de referencias religiosas y también rinconeras.

No es una representación nacida únicamente del encargo. Mucho antes de recibirlo, José Luis González ya había detenido su mirada ante el rostro de la Patrona.

Una Virgen que se le quedó “grabada a fuego”

La relación del artista con La Rinconada comenzó de una manera personal. Fue su pareja, Carolina, rinconera de nacimiento, quien le acercó al municipio y, posteriormente, a la devoción por Nuestra Señora de los Dolores.

“Yo llego a La Rinconada por mi novia, Carolina, que es rinconera de cuna”, explica el cartelista.

Su segundo contacto con la localidad estuvo ya directamente relacionado con la Virgen. Fue durante uno de sus traslados a la Parroquia de Nuestra Señora de las Nieves, previo a la salida procesional. Aquella jornada acabaría condicionando años después la manera en la que González Jiménez afrontaría el cartel.

“Lo primero en lo que me fijé es en que la Virgen tiene una apariencia muy joven. Es algo que se me grabó a fuego en la mente”, recuerda.

Esa impresión hizo que, incluso antes de existir el encargo, comenzara a realizar diferentes estudios de la imagen “por puro placer de dibujar”. El artista encontró en sus facciones y en la disposición del rostro numerosas posibilidades plásticas.

“La belleza de la propia imagen da mucho juego a la hora de componer, sobre todo con ese tres cuartos representado, que saca el máximo partido de Ella”, señala.

El vínculo terminó creciendo también más allá de los pinceles. Aunque actualmente no es hermano de la corporación, José Luis González mantiene una relación estrecha con la Hermandad y pertenece desde hace varios años a la cuadrilla de Nuestra Señora de los Dolores.

María como ‘casa dorada’

En el cartel, la Patrona aparece vestida de majestad, con especial protagonismo para la riqueza de sus ropajes. Junto a ellos aparecen las letras ejecutadas en pan de oro.

La elección responde a una referencia expresa de las letanías marianas: María entendida como Domus Aurea, la “casa de oro” en la que habita toda virtud.

El artista traslada así al cartel una lectura que va más allá de la riqueza estética de la imagen. El oro se convierte en símbolo de la condición de María como refugio y morada, reforzando una idea que atraviesa toda la composición: la relación de la Virgen de los Dolores con quienes durante generaciones han acudido hasta Ella.

Sobre la imagen cae una lluvia de pétalos. Tampoco se trata de un recurso meramente ornamental.

Los pétalos funcionan como metáfora de las oraciones que miles de fieles han depositado ante la Patrona a lo largo del tiempo, encontrando en Ella refugio y consuelo. Al mismo tiempo, remiten inevitablemente a una de las estampas que acompañan cada septiembre a la procesión por las calles de La Rinconada.

El propio González Jiménez lo explicaba durante la presentación como una representación de “las oraciones vertidas hacia Ella”, además de conectar visualmente con las petaladas que recibe la Virgen durante su recorrido del 15 de septiembre.

El azul de La Rinconada

Si existe un elemento que termina por dar identidad al cartel es su fondo.

José Luis González construye un paralelismo entre diferentes tonalidades de azul: el del cielo que recuerda de sus visitas a la localidad, el azul concepcionista ligado a María y, de forma especial, el de la característica bandera de La Rinconada.

El resultado convierte el color en un nexo entre la Patrona y el pueblo del que es principal referente devocional.

Esta conexión fue precisamente uno de los aspectos destacados por el delegado de Fiestas Mayores, Rafael Reyes, durante su intervención.

Reyes felicitó al artista por “la sencillez tan humana” con la que había plasmado el rostro de la Virgen y subrayó especialmente “el azul del cielo y de la bandera de nuestro pueblo” y los pétalos como símbolo del cariño que La Rinconada profesa a su Patrona.

El delegado señaló además que la obra, desde su presentación, “va a formar parte del patrimonio de nuestro pueblo”, poniendo de relieve que un cartel de las Fiestas Patronales trasciende su función puramente anunciadora.

Para Rafael Reyes, sobre este tipo de obras terminan depositándose también recuerdos, miradas y oraciones de quienes reconocen en ellas el rostro de Nuestra Señora de los Dolores.

Una historia que comenzó con Carolina

La presentación permitió conocer también la pequeña historia que existe detrás del encargo.

Fue Carolina quien tiempo atrás propuso a José Luis González como posible autor del cartel. En aquel momento la Hermandad ya tenía comprometida la obra de ese año, pero el nombre quedó guardado para una futura ocasión.

La Junta de Gobierno pudo contemplar finalmente el resultado durante el pasado mes de julio. Desde la corporación se destacó la impresión provocada por la pintura y, especialmente, la forma en la que González Jiménez había conseguido trasladar al soporte uno de los aspectos más difíciles para cualquier artista que se enfrenta a una imagen de gran devoción: el reconocimiento inmediato de su rostro.

El propio autor quiso cerrar el círculo durante su intervención dedicando el cartel a los rinconeros y teniendo un recuerdo especial para Carolina, la persona que le abrió las puertas de La Rinconada y que acabó acercándole a Nuestra Señora de los Dolores.

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