Marchena pierde uno de sus bares históricos: Paco 'Palomo' pone fin este sábado a 42 años en La Cueva (reportaje)
Hay bares que son negocios y hay bares que terminan convirtiéndose en parte de la historia de un pueblo. 'La Cueva' pertenece a esa segunda categoría. Este sábado, 12 de septiembre, desde las 13:00 horas y hasta el cierre, Marchena tendrá una última oportunidad para despedir un lugar que lleva más de seis décadas formando parte de la vida del municipio. Tras este cierre, Marchena se quedará huérfana de para de sus bares míticos tras el cierre del Manpa, el kiosko del Pololo y ahora La Cueva.
Detrás de aquella barra estará por última vez Francisco García Jiménez, Paco Palomo, que a sus 74 años ha decidido jubilarse. Lleva 42 años al frente de La Cueva, desde 1984, pero su relación con el establecimiento viene de mucho antes. Allí estaba su padre, José García, y antes de ellos ya existía una historia que comenzó alrededor de 1960.
Diario Avanza ha compartido una mañana con Paco, o Palomo, como lo conocen, que lo cuenta sin solemnidad, como quien repasa una vida mientras sigue pendiente de la barra. Entre recuerdos, nombres, discusiones, clientes, anécdotas, borracheras y muchas horas de trabajo aparece la historia de un bar que ha visto pasar la dictadura, la transición, la democracia y varias generaciones de marcheneros.
La Cueva nació alrededor de 1960
La historia que cuenta Paco sitúa el origen de La Cueva en 1960. Fue Pepe Vaquero quien puso en marcha el establecimiento para vender sus artículos.
En aquella primera etapa no era todavía el bar que acabaría conociendo Marchena durante décadas. Paco explica que allí se vendían determinados productos y que la oferta era muy diferente a la actual: "Aquí tú no podías comprar lo que quisieras, nada más que en las fantas, Coca-Cola, la cerveza y poco más".
El nombre, sin embargo, permanece. Desde aquellos primeros años siempre se llamó La Cueva.
Por allí pasó también un hombre al que Paco identifica simplemente como "el alemán", que había trabajado en Alemania y que quiso regresar para montar un negocio. La historia acabó cruzándose con la de su padre.
José García llegó en 1970
Antes de que José García llegara a La Cueva, regentaba otro establecimiento de Marchena: el Bar del Kilo, ya desaparecido y en la memoria de los más mayores.
Paco recuerda que su padre acabó vendiéndolo en 1969 tras una borrachera, después de una etapa en la que terminó cansándose de aquella situación. Paco cuenta que su padre traspasó el Bar del Kilo a un granadino y tras ello comenzó a aburrirse.
"Me cago en la hostia, estoy aburrido", recuerda Paco que decía su padre.
Fue entonces cuando una conversación en el entorno del antiguo kiosko del Pololo terminó cambiando la historia familiar. Allí coincidieron Pepe Vaquero, el alemán y José. De aquel encuentro salió el traspaso y, en 1970, José García comenzó a regentar La Cueva.
A partir de ese momento, el establecimiento quedaría unido durante años a la familia de Paco.
Una cuadrilla de amigos y un bar que cerraba cuando terminaban
La Cueva de aquellos primeros años tenía otro ritmo. Paco recuerda a una cuadrilla de amigos que acudía al bar con su padre, bebían juntos y, cuando terminaban, simplemente se marchaban.
Y entonces se cerraba.
Los horarios tampoco tenían nada que ver con los actuales. Paco recuerda aquellos años en los que el trabajo y la vida cotidiana marcaban otro ritmo y en los que el sábado todavía podía ser una jornada laboral.
Él era entonces muy joven. Trabajaba en los albañiles y también cogiendo aceitunas. No estaba permanentemente con su padre, aunque acudía algunos días, especialmente para ayudar a limpiar y preparar el establecimiento. Pero a él nunca le gustó trabajar en el bar, era un negocio muy sacrificado.
Hasta que las circunstancias familiares terminaron empujándolo definitivamente hacia La Cueva.
1984: Paco se queda con La Cueva
José García sufrió un infarto antes de 1984 y empezó a acudir cada vez menos al bar. Paco fue quedándose progresivamente al frente del establecimiento.
Pero no era algo que hubiese buscado.
"Yo no quería estar aquí", reconoce durante la conversación.
El 20 de noviembre de 1984, tras el fallecimiento de su padre, Paco cogió definitivamente las riendas de La Cueva.
Y aquello que inicialmente no quería terminó convirtiéndose en 42 años de su vida.
Desde entonces, de manera ininterrumpida, ha estado detrás de esa barra hasta llegar a este septiembre de 2026.
"Esto es 24 horas del día"
Paco habla del trabajo en un bar como algo difícil de explicar a quien nunca lo ha vivido.
"Es que esto es 24 horas del día", dice.
Durante más de cuatro décadas ha visto pasar por delante de él a personas de todo tipo. Ha escuchado problemas, alegrías, discusiones y confidencias. Ha conocido a clientes que terminaron siendo amigos y ha vivido los cambios de Marchena desde el mismo lugar.
Y, pese a todo, hay algo de lo que presume: en 42 años no ha tenido ninguna pelea en La Cueva.
"Yo no he tenido ninguna pelea. Ni una. Ni una pelea aquí", cuenta.
Sí ha habido discusiones. Muchas. Porque, como explica Paco, un bar tiene una particularidad que no tiene una tienda: quien entra puede venir simplemente a comprar algo, pero también puede llegar con unas copas de más y terminar provocando una situación que el dueño tiene que resolver.
La Cueva ha sido también eso: un lugar en el que Paco ha tenido que ejercer durante décadas de camarero, encargado, mediador y testigo de la vida de quienes pasaban por allí.
El día que el golpe de Estado llegó por la radio
Entre sus recuerdos aparece también uno relacionado con uno de los momentos más importantes de la historia reciente de España.
Paco recuerda el 23-F, el intento de golpe de Estado de 1981 protagonizado por Antonio Tejero. Aquel día iba con su padre en un R5 y ambos se enteraron de lo que estaba ocurriendo a través de la radio.
La escena que recuerda tiene algo de cotidiano: un trayecto en coche, su padre, la radio encendida y una noticia que acabaría marcando aquel día.
Cuando llegaron al entorno del bar, José García ya tenía claro que La Cueva iba a cerrar antes de lo habitual.
Es uno de tantos recuerdos que han quedado ligados a un establecimiento que abrió sus puertas cuando España todavía estaba bajo la dictadura y que ha llegado hasta 2026.
De las mesas que no quiso poner su padre a una terraza llena
La transformación de La Cueva también se puede entender a través de una pequeña discusión familiar.
Paco quería poner mesas y sillas en el exterior. Su padre no quería.
José García sabía que aquello significaría más trabajo. Más mesas suponían más clientes, pero también más tareas. Él prefería mantener la clientela que ya tenía y continuar con su forma de trabajar.
Paco, sin embargo, veía que el negocio podía crecer.
Con el paso de los años, aquella terraza acabaría siendo una parte importante del establecimiento.
Este verano, recuerda, ha llegado a estar llena hasta la bola.
Es quizá una de las mejores imágenes para explicar la transformación de La Cueva: el pequeño establecimiento que había comenzado décadas atrás con una cuadrilla de amigos terminó convirtiéndose en un punto de encuentro para mucha más gente.
La Mac Palomo, otra parte de su historia
Y entre las cosas que han hecho reconocible a La Cueva en los últimos años aparece un nombre que muchos clientes asocian directamente al establecimiento: la Mac Palomo.
La hamburguesa se ha convertido en una de las especialidades más conocidas del bar y ha contribuido a que personas de fuera de Marchena también hayan pasado por allí.
Después de tantos años, la identidad de La Cueva no está únicamente en sus paredes. También está en aquello que sus clientes recuerdan cuando piensan en el establecimiento.
"El año pasado me lo planteé"
La posibilidad del cierre no ha aparecido de repente.
En Marchena llevaba tiempo circulando el rumor de que cada temporada podía ser la última de La Cueva. El propio Paco reconoce que el año pasado estuvo cerca de retirarse.
"El año pasado me lo planteé para retirarme, pero bueno, para el año que viene. Ay, un veranito más", recuerda.
Ese "veranito más" ha terminado siendo el último.
Ahora sí ha llegado el momento. Después de 42 años al frente y de una vida vinculada al establecimiento desde mucho antes, Paco se jubila.
El último día será este sábado
La despedida tendrá lugar este sábado, 12 de septiembre, desde las 13:00 horas y hasta el cierre.
Habrá arroz, barras en el exterior y música con altavoces. Será una jornada pensada para que clientes, amigos y vecinos puedan compartir las últimas horas de La Cueva con Paco.
No será un día cualquiera para quien haya pasado parte de su vida allí.
Porque cerrar una persiana es sencillo. Lo complicado es despedirse de todo lo que ha ocurrido detrás de ella.
La gente no quiere que cierre
Paco sabe que hay clientes que no quieren que La Cueva desaparezca.
Él mismo enumera algunos de los establecimientos que han ido cerrando con el paso de los años. El Pololo, Alvarado y otros bares que formaban parte de aquella Marchena que conoció cuando era joven ya no están.
"Todo el mundo, nadie quiere que cierre", cuenta.
Y hay una idea que aparece varias veces durante la conversación: La Cueva no es propiedad del Ayuntamiento, aunque algunas personas puedan pensar que sí.
Paco tampoco sabe qué ocurrirá después con el espacio.
Lo que sí sabe es qué le gustaría.
"Me gustaría que montaran un barecito"
Después de tantos años detrás de la barra, podría parecer lógico que quisiera olvidarse para siempre de los bares.
Pero no.
Paco reconoce que le gustaría que La Cueva continuara siendo un bar.
No necesariamente para seguir trabajando. Todo lo contrario.
Le gustaría poder volver algún día, sentarse allí, tomar algo y recordar.
Porque después de 42 años, La Cueva ya no es solamente el lugar donde ha trabajado. Es también un lugar en el que ha vivido.
Y quizá por eso, cuando llegue el sábado por la tarde y se apaguen finalmente las luces, la historia de Paco Palomo no terminará exactamente ahí.
Él se irá a casa.
Pero si algún día vuelve a abrirse un bar en aquel mismo sitio, podrá regresar como un cliente más, pedir algo en la barra y mirar alrededor.
Y recordar.