"La Plaza Arriba de Marchena competía con Jerez": Una extensa conversación con Antonio Cortés antes de su reconocimiento
A las siete y media de la tarde, el calor sigue siendo protagonista en Marchena. El sol empieza a caer, pero el aire continúa pesado y el verano deja esa sensación de que el tiempo transcurre más despacio. Antonio Cortés ya espera en la Casa Fábrica. Cuando llego, es él mismo quien abre la puerta. Saluda con una sonrisa tranquila y, sin apenas preámbulos, me invita a pasar.
Atravesamos el patio y nos refugiamos en la Peña Flamenca de Marchena. Allí el ambiente y la temperatura cambia, diez grados menos, silencio y un ambiente flamenco ideal para una charla de esta temática. Antonio se acomoda con la naturalidad de quien ha pasado media vida hablando de este arte entre esas mismas paredes.
Dentro de unos días volverá a sentarse muy cerca de aquí. Esta vez no será para conversar, sino para recibir el homenaje que el Ayuntamiento de Marchena le rendirá como antesala de la Fiesta de la Guitarra. Sin embargo, basta cruzar unas pocas palabras para comprobar que el reconocimiento apenas le interesa como tema de conversación. Prefiere hablar de quienes le enseñaron, de los amigos que ya no están, de la Plaza Arriba y de un flamenco que aprendió escuchando mucho antes de coger una guitarra.
La entrevista comienza, inevitablemente, por ese reconocimiento.
Reconocimiento
Diario Avanza: El próximo jueves recibirás un homenaje de tu pueblo. Hace unos meses ya lo hizo la Peña Flamenca y ahora será Marchena quien quiera reconocer toda una vida dedicada al flamenco. ¿Qué siente Antonio Cortés cuando llega un momento así?
Antonio Cortés: Siento una satisfacción muy grande. Mucha satisfacción y también orgullo. Al final significa que la gente aprecia lo que has hecho durante tantos años, que reconoce un poquito tu trabajo. La verdad es que uno se siente orgulloso de las cosas que ha hecho.
No hay rastro de grandilocuencia en su respuesta. Habla con serenidad, casi con pudor. Como si el reconocimiento le hiciera más ilusión por quienes se lo conceden que por él mismo.
Diario Avanza: Cuando subas al escenario habrá muchas emociones. ¿En quién crees que pensarás?
Antonio Cortés: Me acordaré de mucha gente. De amigos que ya no están, de familiares que tampoco están... Son recuerdos que aparecen solos. En momentos así es inevitable emocionarse porque siempre piensas en las personas que te hubiera gustado tener al lado.
Hace una pausa breve. No necesita decir mucho más. Enseguida cambia de tema, quizá porque los recuerdos duelen menos cuando no se prolongan demasiado.
Diario Avanza: Has querido que Jesús Solano sea quien presente ese homenaje. ¿Por qué lo elegiste?
Antonio Cortés: Porque, antes que nada, es una grandísima persona. Después tiene una trayectoria cultural muy importante. Le encanta la cultura, le encanta el flamenco, la música... Todo lo vive con muchísima pasión.
La respuesta deriva rápidamente hacia una anécdota que recuerda entre sonrisas.
Antonio Cortés: La verdad es que fui un poco tarde con lo del presentador. Lo llamé y le dije: "Jesús, quiero pedirte un favor". Me respondió que lo había cogido en un mal momento porque tenía otros compromisos. Pensé que no iba a poder ser. Pero a los pocos minutos me llamó otra vez y me dijo: "Antonio, te lo hago". Eso dice mucho de cómo es. Para mí es una persona extraordinaria.
El homenaje continuará con un recital de guitarra de Bernabé de Pastora y otro de cante de María Jesús Bernal. Cuando habla de ellos, Antonio vuelve a comportarse como lo ha hecho durante toda la conversación: le resulta mucho más fácil hablar bien de los demás que de sí mismo.
Diario Avanza: También te acompañarán Bernabé de Pastora y María Jesús Bernal.
Antonio Cortés: A Bernabé lo vi cuando era un chiquillo. Ganó uno de los premios del concurso de guitarra que organizaba la Peña Flamenca y ya entonces apuntaba maneras. No tenemos mucha relación porque vive fuera, pero siempre me gustó cómo tocaba. Con María Jesús sí tengo mucha amistad. Precisamente hoy mismo me ha llamado. La traje hace años a cantar a la Peña y desde entonces hemos mantenido el contacto. Es una gran artista y, sobre todo, una gran persona.
Jóvenes artistas y referentes
Mientras habla de los artistas jóvenes, aparece una reflexión que repetirá varias veces a lo largo de la entrevista. No es una crítica. Suena más bien a consejo de quien ha visto pasar varias generaciones sobre los escenarios.
Antonio Cortés: Hoy los artistas quieren correr demasiado.
Diario Avanza: ¿Y qué les dirías a quienes están empezando?
Antonio Cortés: Que tengan ambición, claro que sí. Pero que trabajen mucho. Que escuchen a los antiguos. Hoy hay muy buena cantera, pero hay que aprender de los maestros. De Antonio Mairena, de Manolo Caracol, de Pastora Pavón, de Camarón... Hay que escuchar mucho antes de querer llegar arriba.
Levanta ligeramente la mano para reforzar la idea. Es uno de esos gestos que repetirá durante toda la conversación. Nunca levanta la voz. Prefiere convencer con ejemplos sencillos.
Antonio Cortés: Siempre pongo el mismo ejemplo. Las casas no se hacen por el tejado. Se hacen por los cimientos. Si empiezas por arriba, la casa termina cayéndose. Pues en el flamenco pasa exactamente igual.
Habla con la tranquilidad de quien nunca tuvo prisa. Quizá por eso concede tanta importancia al aprendizaje lento, al oficio y al respeto por quienes abrieron camino.
Diario Avanza: Si tuvieras que señalar las voces que más te han marcado, ¿cuáles serían?
Antonio sonríe antes de responder. Sabe que cualquier lista siempre dejará fuera a alguien.
Antonio Cortés: Es complicado, pero mis referentes siempre han sido Antonio Mairena, Manolo Caracol y Pastora Pavón, 'La Niña de los Peines'. Después ha habido y hay grandísimos cantaores, pero esos son mis pilares.
Diario Avanza: ¿Y en la guitarra?
Antonio Cortés: Ahí también lo tengo muy claro. Paco de Lucía, Enrique de Melchor y Manolo Sanlúcar. Y si tiramos un poco más atrás, ahí está Niño Ricardo. Estamos hablando de maestros. De maestros de maestros.
Resulta curioso escuchar a Antonio enumerar nombres. No lo hace con el tono de quien confecciona un ranking, sino con el respeto de quien está repasando las páginas de una enciclopedia viva. Cada artista aparece acompañado de un recuerdo, de una enseñanza o de una admiración silenciosa.
Reflexión sobre Pepe Marchena
Hablar de flamenco en Marchena es acabar hablando, antes o después, de Pepe Marchena. No hace falta buscar la transición. Aparece solo. Su nombre sigue generando admiración, debates y opiniones enfrentadas incluso medio siglo después de su muerte. Antonio Cortés ha convivido durante décadas con esa discusión y no rehúye responder. Lo hace con el respeto de quien reconoce la dimensión del artista, pero también con la sinceridad de quien tiene una opinión muy formada.
Diario Avanza: Dentro de poco se cumplirán 50 años de la muerte de Pepe Marchena y el Ayuntamiento prepara actos para recordarlo. Para quien no sea de aquí, ¿qué importancia tiene una figura como la suya?
Antonio Cortés: Muchísima. Fue un artista muy grande que llevó el nombre de Marchena por toda España y por buena parte de Europa. Todo reconocimiento que se le haga lo tiene más que merecido.
Antonio hace una pausa antes de continuar. La siguiente reflexión nace desde la experiencia de muchos años como aficionado.
Antonio Cortés: Yo, cuando era joven, tengo que reconocer que no lo entendía. Escuchaba sus discos y no me entraban. Sabía que aquello era diferente, pero no tenía los conocimientos suficientes para comprender lo que hacía. Su forma de cantar me sonaba muy rara.
Diario Avanza: ¿Qué cambió?
Antonio Cortés: El tiempo. Escuchar más, investigar, aprender... Cuando empiezas a conocer el flamenco de verdad, te das cuenta de quién era Pepe Marchena y de la importancia que tuvo.
Lejos de quedarse en el elogio fácil, Antonio introduce un matiz que considera importante.
Antonio Cortés: Lo que pasa es que, como ocurre en el fútbol o en los toros, siempre hay aficionados que se ciegan con una figura y le atribuyen cosas que no son. Yo tengo amigos muy marchenistas y hemos discutido muchas veces sobre eso. Siempre desde el respeto, claro.
Diario Avanza: Uno de los debates de siempre es el de la colombiana. Mucha gente sostiene que Pepe Marchena creó ese palo.
Antonio Cortés: Yo no lo veo así.
La respuesta llega con firmeza.
Antonio Cortés: Pepe Marchena no creó ningún cante. Lo que hizo fue otra cosa. Él viajó por Sudamérica, escuchó muchas músicas y, como era un hombre muy inteligente, supo adaptarlas. Eso tiene muchísimo mérito, pero para mí no significa crear un palo nuevo.
Diario Avanza: Entonces, ¿qué hizo exactamente?
Antonio Cortés: Adaptó esos sonidos a su forma de cantar. Tenía una inteligencia extraordinaria para eso. Cogía una taranta, una minera, unos fandangos... Tenía una manera muy personal de interpretarlo todo. Esa era su grandeza.
Antonio insiste en separar la admiración del mito.
Antonio Cortés: Muchas veces se dicen cosas porque alguien las escribió en un disco o porque se han repetido durante años, pero eso no significa que sean verdad. Bajo mi punto de vista, Pepe Marchena no creó ningún palo flamenco.
La conversación deriva hacia otra de las grandes virtudes que Antonio siempre ha admirado del cantaor marchenero.
Antonio Cortés: Lo que sí tenía era una personalidad enorme. Cuando cantaba, arrastraba al público. Tenía una forma de decir las cosas que terminaba convenciendo a la gente. Ahí estaba su grandeza.
Diario Avanza: Es decir, más que un creador de cantes fue un creador de un estilo.
Antonio Cortés: Exactamente. Y eso tiene muchísimo valor.
Recuerda entonces una anécdota que escuchó siendo muy joven y que, para él, resume perfectamente la personalidad artística de Pepe Marchena.
Antonio Cortés: Un amigo mío trabajaba en una emisora de radio y puso un disco anunciando que aquello era un fandango de Córdoba. Al poco llamó un aficionado cordobés para decir que aquello no era un fandango de Córdoba de ninguna manera. Claro, Pepe Marchena tenía esa forma tan personal de cantar que muchas veces la gente terminaba creyendo lo que él decía simplemente por cómo lo interpretaba.
Antonio sonríe al recordar la historia.
Antonio Cortés: Tenía muchísimo desparpajo y una personalidad enorme.
Flamenco fusión
Después de hablar del pasado, la conversación salta inevitablemente al presente. Si Pepe Marchena revolucionó el flamenco en su época, hoy el debate gira en torno a las fusiones y a los nuevos sonidos.
Diario Avanza: El flamenco lleva muchos años mezclándose con otros estilos. Hay artistas que han llevado esa fusión hasta el pop, la electrónica o la música urbana. ¿Cómo ves esa evolución?
Antonio Cortés: Yo a eso lo llamo flamenco fusión.
Diario Avanza: ¿Y te convence?
Antonio Cortés: Cada uno hace lo que quiere y me parece muy bien. Hay artistas que han sabido abrirse camino por ahí y les ha ido extraordinariamente. Pero a mí, personalmente, no me llena.
No hay reproche en sus palabras. Simplemente marca una diferencia entre lo que respeta y lo que le emociona.
Antonio Cortés: Yo entiendo que eso da dinero y da mucha popularidad. Es lógico. Pero no es el flamenco que a mí me llega.
Diario Avanza: Por ejemplo, Rosalía.
Antonio Cortés: Claro. Rosalía ha sabido hacerlo muy bien. Yo la vi cuando empezaba, cantando cantes muy clásicos. Tiene muchísimo talento. Pero lo que hace ahora es otra cosa. Es una artista muy inteligente y ha encontrado un camino que le ha dado éxito internacional. Lo respeto completamente, aunque no sea el flamenco que más me gusta escuchar.
Antonio evita cualquier descalificación. Su discurso vuelve una y otra vez al mismo lugar: el respeto por todos los artistas y la defensa de un flamenco que él aprendió de los viejos.
Antonio Cortés: Yo tengo casi setenta años y he escuchado de todo. Cada uno puede hacer la música que quiera. Lo único que digo es que a mí me sigue emocionando el flamenco de siempre.
La Plaza Arriba y los gitanos viejos
Al hablar de la Plaza Arriba, el tono de Antonio cambia. No hace falta preguntarle demasiado. Los recuerdos empiezan a salir solos. Ya no habla únicamente del flamenco como música, sino de una forma de vivir. De un barrio donde el cante aparecía sin avisar y donde las noches de verano podían terminar con varias familias reunidas alrededor de una botella de vino y unas voces que hoy solo sobreviven en la memoria de quienes las escucharon.
Diario Avanza: Tú te criaste en la Plaza Arriba. Siempre dices que allí aprendiste más que en ningún sitio.
Antonio Cortés: Sí. Yo tendría trece o catorce años cuando empecé a moverme por allí. Es verdad que la época más grande de la Plaza Arriba ya había pasado, pero todavía quedaban personas que habían vivido aquellos años y que seguían cantando como habían aprendido de sus mayores.
Diario Avanza: Muchas veces has contado que la Plaza Arriba competía con Jerez como uno de los grandes focos flamencos de Andalucía.
Antonio Cortés: Eso no lo digo yo porque sí. Lo escuché de personas que lo vivieron. Yo tenía un programa de radio con Antonio Torres, que era un aficionado enorme al flamenco. Invitamos a Manuel Corona, un hombre que conocía perfectamente la historia de la Plaza Arriba, y nos explicó cómo era aquello. Decía que aquí venían grandes cantaores simplemente a escuchar. Que Marchena competía con Jerez porque había una concentración de aficionados y artistas impresionante.
Mientras habla, parece reconstruir aquel ambiente con la misma claridad con la que otros recuerdan la casa donde nacieron.
Antonio Cortés: No hacía falta organizar un festival. El flamenco surgía solo. Se reunían unos cuantos vecinos en mitad de la plaza, en un patio o en cualquier rincón del barrio, y empezaban a cantar. Así de sencillo.
Diario Avanza: Era algo completamente natural.
Antonio Cortés: Claro. No había escenarios ni carteles. Había afición. Venían figuras muy importantes porque querían escuchar a los que estaban aquí. Venían a aprender, igual que nosotros aprendíamos escuchando a los mayores.
Antonio insiste varias veces en una palabra: escuchar. Da la impresión de que, para él, esa sigue siendo la mejor escuela posible.
Diario Avanza: ¿Qué personas recuerdas especialmente de aquellos años?
Antonio Cortés: Conocí a un hombre al que llamábamos Manuel Blanco. Tenía una forma de cantar por soleá que ponía los vellos de punta. Era impresionante escucharlo. Nosotros éramos unos chavales y nos quedábamos embobados.
No habla de grandes teatros ni de discos. Habla de calles, de reuniones improvisadas y de voces anónimas que nunca salieron del pueblo.
Antonio Cortés: También recuerdo a una mujer muy mayor, a la que llamaban 'La Gracita'. Tendría cerca de cien años. Siempre iba vestida de negro y se sentaba en una silla en la puerta de su casa. Yo me acercaba muchas veces para escucharla. Era la abuela de Juan 'El Caeno'. Aquellas personas sabían un flamenco que hoy prácticamente ha desaparecido.
Mientras relata aquellas escenas, resulta fácil entender por qué insiste tanto en que los jóvenes escuchen a los mayores. Él mismo aprendió así.
Diario Avanza: Cuando vuelves hoy a la Plaza Arriba y ves cómo ha cambiado, ¿te da pena?
Antonio Cortés: Mucha.
La respuesta es inmediata.
Antonio Cortés: Claro que me da pena. Pero también entiendo que los tiempos cambian. La sociedad cambia y las cosas evolucionan. No podemos vivir siempre igual.
Diario Avanza: Aun así, cuesta reconocer algunos rincones.
Antonio Cortés: Sí. Antes llegaba el verano, cogías una manta, la echabas en la calle y te sentabas allí con los vecinos hasta la madrugada. Nadie te decía nada. Aquello era una gloria. Hoy todo eso ha cambiado. Es otra forma de vivir.
No hay enfado en sus palabras, solo la resignación de quien sabe que determinadas épocas no vuelven. Antonio no idealiza el pasado, pero tampoco oculta que echa de menos aquella convivencia que convirtió a la Plaza Arriba en una escuela de flamenco al aire libre.
La Peña Flamenca
La conversación da entonces un pequeño giro. Si la Plaza Arriba fue una universidad popular del flamenco, la creación de la Peña Flamenca de Marchena supuso un paso decisivo para mantener viva esa afición.
Diario Avanza: Tú fuiste uno de los impulsores de la Peña Flamenca de Marchena.
Antonio Cortés: Sí. Éramos varios aficionados con la misma inquietud. Veíamos que muchos pueblos tenían su peña flamenca y nosotros, con la historia que tiene Marchena, no podíamos quedarnos sin una.
Diario Avanza: ¿Cómo fueron aquellos comienzos?
Antonio Cortés: Muy difíciles. Al principio éramos muy pocos. Hicimos una primera reunión y apenas acudió gente. Después ya se fueron sumando más aficionados y empezamos a darle forma al proyecto.
Recuerda perfectamente dónde comenzaron aquellas primeras reuniones.
Antonio Cortés: Hablamos con el Ayuntamiento porque necesitábamos un sitio donde reunirnos. Nos dejaron un pequeño local y allí empezamos. No teníamos prácticamente nada, pero sí muchas ganas de sacar aquello adelante.
Diario Avanza: Imagino que no todo el mundo confiaba en que aquello saliera bien.
Antonio Cortés: Qué va. Hubo quien decía que estábamos locos, que aquello no iba a durar. Pero nosotros seguimos adelante porque creíamos en lo que estábamos haciendo.
La ilusión terminó imponiéndose a las dudas. Poco a poco empezaron a organizar recitales, concursos y actividades que situaron a la Peña Flamenca como uno de los referentes culturales del municipio.
Diario Avanza: ¿Recuerdas cuál fue el primer artista importante al que conseguisteis traer?
Antonio Cortés: Sí. Antonio Reyes. Era muy joven todavía. Lo escuché en un concurso de cante en Carmona, donde yo estaba de jurado, y me impresionó. Hablé con su padre para intentar traerlo a Marchena.
Diario Avanza: ¿Fue fácil convencerlo?
Antonio Cortés: No. Nosotros estábamos empezando y no teníamos apenas dinero. Él nos pidió una cantidad que la peña no podía pagar. Al final llegamos a un acuerdo porque también entendieron la ilusión con la que estábamos haciendo las cosas.
Antonio sonríe al recordar aquellos años. Eran tiempos en los que había que pelear cada actuación, buscar recursos y convencer a artistas y aficionados de que el proyecto merecía la pena. Visto con la perspectiva del tiempo, aquellas dificultades parecen formar parte de una etapa de la que hoy habla con especial cariño.
La conversación vuelve una y otra vez a la Peña Flamenca. Antonio habla de ella como quien recuerda una obra colectiva. Nunca utiliza el "yo" cuando puede emplear el "nosotros". Insiste en que el mérito fue de todos los aficionados que dedicaron tiempo y esfuerzo para sacar adelante un proyecto que hoy forma parte de la vida cultural de Marchena.
Diario Avanza: Echando la vista atrás, ¿esperabas que la Peña llegara a convertirse en lo que es hoy?
Antonio Cortés: Sinceramente, no. Nosotros solo queríamos que hubiera un sitio donde disfrutar del flamenco. Después las cosas fueron creciendo poco a poco. Empezamos a traer artistas importantes, organizamos concursos, recitales... Todo eso hizo que la Peña fuera cogiendo nombre.
Habla de aquellos años con la satisfacción de quien ve cumplido un sueño colectivo. No presume de ello. Simplemente recuerda el camino recorrido.
Diario Avanza: Por este escenario han pasado muchísimos artistas.
Antonio Cortés: Muchísimos. Hemos tenido la suerte de contar con grandísimos cantaores y guitarristas. Cada actuación era una ilusión porque siempre aprendías algo nuevo escuchándolos.
Diario Avanza: Después de tantos años escuchando flamenco, ¿sigues disfrutándolo igual?
Antonio Cortés: Claro. Quizá incluso más. Porque ahora entiendes cosas que cuando eras joven se te escapaban. El flamenco hay que escucharlo muchas veces. Hay cantes que de joven no comprendía y con los años he aprendido a valorarlos.
La experiencia vuelve a aparecer como uno de los grandes temas de la conversación. Antonio insiste en que el flamenco no se aprende deprisa.
Diario Avanza: Hoy parece que todo va mucho más rápido.
Antonio Cortés: Sí. Antes la gente escuchaba mucho. Hoy parece que todo tiene que ser inmediato. Pero el flamenco necesita tiempo. Necesita paciencia. No basta con tener una buena voz o tocar bien la guitarra. Hace falta escuchar mucho y tener afición.
Esa palabra vuelve a aparecer una vez más: afición. Antonio la pronuncia con el mismo respeto con el que otros hablan del talento.
Flamenco actual
La conversación entra entonces en el presente del flamenco. Le pregunto por algunos de los artistas que hoy llenan teatros y festivales por todo el país.
Diario Avanza: ¿Qué cantaores actuales te llaman más la atención?
Antonio Cortés: Hay muchos muy buenos. Miguel Poveda me parece un grandísimo artista. Tiene unas facultades enormes y una inteligencia para interpretar extraordinaria.
Diario Avanza: ¿Y José Mercé?
Antonio Cortés: José Mercé es otro fenómeno. Tiene una personalidad impresionante. Puede salir a un escenario con un guitarrista y llenar aquello él solo. Tiene una forma de llegar al público que muy pocos artistas consiguen.
No duda tampoco en destacar a otros nombres del panorama actual.
Antonio Cortés: Pedro el Granaíno me gusta mucho. Esperanza Fernández también. Hay muy buenos artistas. Lo que pasa es que cada uno tiene su personalidad y eso es lo bonito del flamenco.
Diario Avanza: Entonces, ¿goza de buena salud el flamenco?
Antonio Cortés: Sí, claro que sí. El flamenco siempre encuentra gente que lo mantiene vivo. Hay generaciones muy buenas. Lo importante es que no se pierda el respeto por la raíz.
La respuesta resume buena parte de la conversación. Antonio no rechaza la evolución. Tampoco vive anclado en el pasado. Simplemente defiende que la innovación tenga siempre un conocimiento previo de lo que vino antes.
Ha pasado más de una hora desde que comenzó la entrevista. Afuera, el calor empieza a dar una tregua y la luz que entra por la ventana ya no es la misma que cuando llegué. Antonio sigue hablando de flamenco con el mismo entusiasmo que al principio. Da la impresión de que podría hacerlo durante toda la tarde.
Diario Avanza: Dentro de unos días recibirás el cariño de tu pueblo. Después de toda una vida dedicada al flamenco, ¿qué significa que ese reconocimiento llegue precisamente en Marchena?
Antonio Cortés: Pues significa mucho. Porque una cosa es que te reconozcan fuera y otra que lo haga tu pueblo. Aquí me conoce todo el mundo. Aquí he vivido siempre. Que la gente de Marchena piense que merezco ese homenaje me hace muy feliz.
La respuesta sale con la misma sencillez con la que comenzó la conversación. Sin discursos grandilocuentes. Sin buscar palabras solemnes.
Diario Avanza: ¿Queda algún sueño por cumplir?
Antonio sonríe.
Antonio Cortés: No. A estas alturas, lo único que quiero es seguir disfrutando del flamenco mientras pueda. Seguir escuchando, seguir yendo a los recitales y seguir compartiendo buenos ratos con los amigos.
No parece una mala forma de resumir toda una vida. Antonio Cortés habla del flamenco como otros hablan de su familia. No distingue demasiado entre una cosa y otra porque ambas han ocupado el mismo espacio durante décadas. Quizá por eso el homenaje que recibirá en la Casa Fábrica no reconoce únicamente a un guitarrista o a un cantaor. Reconoce a uno de esos aficionados imprescindibles que han dedicado buena parte de su vida a conservar una forma de entender el flamenco que se aprende escuchando, compartiendo y respetando a quienes llegaron antes.
Cuando termina la conversación, nos levantamos despacio. Antonio acompaña hasta la puerta de la Peña Flamenca igual que unas horas antes había abierto la de entrada. Afuera sigue haciendo calor, aunque la tarde ya empieza a convertirse en noche. Dentro de unos días volverá a cruzar ese mismo patio para recibir el aplauso de su pueblo. Después de escucharlo durante toda una tarde hablar más de los demás que de sí mismo, resulta fácil entender por qué ese aplauso tiene tanto sentido.