La muralla de Marchena: testigo silenciado
Artículo de Opinión de 'Marchena Histórica' (@marchenahistórica)
La muralla de una villa o ciudad constituye su principal elemento defensivo frente a agresiones externas, así como uno de los pilares de su identidad como comunidad. El caso que nos ocupa, la muralla de nuestra localidad, ha sido testigo silencioso de su evolución desde su construcción hasta su decadencia y descomposición, peligro que, a pesar de ser flagrante, hemos silenciado e ignorado durante largo tiempo.
La construcción de nuestra muralla se produce en época tardoalmohade, cuando, fruto del avance cristiano, decide levantarse una cerca que proteja la medina musulmana. La muralla principal, construida a base de tapial, y de perímetro poligonal y redondeado, se vería complementada por un recinto secundario, el Parque, protegido por una coracha de cronología similar.
El traspaso de la villa a dominio cristiano conllevaría importantes obras de revitalización del lienzo de muralla, especialmente cuando a mediados del siglo XIV (1368), el sultán granadino asalte la villa y destruya su cerca. El estado de degradación de esta llevaría a Pedro Ponce de León, V señor de Marchena, a abordar la restauración de la muralla en 1430, contando para ello con la contribución del Papa Martín V, reforma que dotaría a la cerca de buena parte de su fisionomía actual. Las distintas puertas de acceso a la villa y la alcazaba serán objeto de futuras publicaciones.
A lo largo de la Edad Moderna la muralla iría perdiendo, de manera progresiva, buena parte de su finalidad defensiva, lo que conllevaría el derribo de algunos de sus tramos y una relajación de las tareas de mantenimiento, proceso que culminaría, a lo largo de los siglos XIX y XX, con su definitiva degradación. Será necesario esperar hasta fines del siglo XX para que se lleven a cabo labores de restauración y conservación en el entramado defensivo de nuestra localidad. Sin embargo, la falta de un plan de mantenimiento y conservación, así como de un equipo de expertos dedicados a ello, ha desembocado en una acelerada degradación de la cerca. Quizás, cuando pretenda abordarse su restauración, no quede nada que rescatar.