Santiponce: Las obras de rehabilitación de San Isidoro del Campo arrojan luz sobre la zona de labor del monasterio

Con un presupuesto de casi 2,9M€ y un plazo de 12 meses, los trabajos se extienden a lo largo de 7.000 metros cuadrados

La consejera de Cultura y Deporte en funciones, Patricia del Pozo, ha anunciado, en el transcurso de una visita a las obras que se están ejecutando en el pósito, la almazara y el almacén del enclave monumental de San Isidoro del Campo, en la localidad sevillana de Santiponce, que “la actuación está sacando a la luz nuevos y relevantes datos y vestigios tanto de su organización y etapas constructivas como de su sistema hidráulico, permitiendo avanzar de manera notable en el estudio y el conocimiento histórico, arquitectónico y etnológico de este valioso bien patrimonial”.  

Con un presupuesto de 2.838.148 euros, cofinanciado con Fondos FEDER, y un plazo de ejecución de doce meses, esta intervención “es la primera que se lleva a cabo en estos importantes espacios del monasterio que ocupan unos 7.000 metros cuadrados y que estaban destinados a las tareas agropecuarias desde que este conjunto monumental pasó a ser gestionado por la Junta de Andalucia en 1989”, ha afirmado Patricia del Pozo.

“San Isidoro del Campo es uno de los enclaves histórico-artísticos más destacados del territorio andaluz, a la par que uno de los más necesitados de una intervención integral, toda vez que algunos de sus espacios presentaban un fuerte deterioro, fruto del olvido, el paso del tiempo y los diversos usos al que han estado sometidos”, ha avanzado la consejera de Cultura  durante su visita al conjunto de Santiponce, en la que ha estado acompañada la secretaria general de Patrimonio Histórico y Documental, Mar Sánchez Estrella; la delegada territorial de Cultura y Deporte, Carmen Ortiz; y el alcalde de Santiponce, Juan José Ortega.

En este sentido, la titular de Cultura ha recordado que la restauración y conservación de este valioso monumento, ejemplo paradigmático del gótico-mudéjar andaluz y del carácter laborioso y espiritual de las comunidades religiosas que lo habitaron, ha sido “una prioridad” de su gestión desde que asumió las competencias de Cultura y Patrimonio Histórico en 2019, momento en el que impulsó “una completa hoja de ruta” para hacer realidad su “recuperación integral” dando respuesta a “las demandas de los sevillanos implicados con la protección de nuestro legado arquitectónico”. “Con esta intervención –ha enfatizado la consejera en funciones– queremos lograr la consolidación estructural del enclave, como paso previo imprescindible a su posterior puesta en valor y apertura a la visita pública”.

Así, tras una inversión de la Consejería de Cultura de más de un millón de euros, entre 2021 y 2023, para redactar los proyectos básicos de conservación y ejecución, arreglar el cercado oriental del conjunto y reparar las cubiertas de la iglesia, el pasado mes de febrero se iniciaron las tareas de consolidación y recuperación de las envolventes del pósito, la almazara y el almacén. Trabajos a los que se sumará, en una segunda fase posterior, la intervención en las naves Sur y Este del Claustro de los Jerónimos y en su torre, que alcanzará, entre ambos ciclos, un presupuesto superior a los 8M€, cofinanciado con fondos Feder. 

Nueva cronología

Entre los hallazgos consignados en el transcurso de estos primeros cuatro meses de trabajos de limpieza, saneamiento, desescombro y estudio de los paramentos en la almazara, el pósito y el almacén, destacan la aparición de elementos del sistema hidráulico, desconocidos hasta el momento, en el patio que une el molino con el depósito de granos, entre los que hay que citar pozos, arquetas, conducciones y sumideros, con funciones de desagüe y de riego. De este sistema hidráulico de las huertas, se conserva el pozo de la noria y una alberca que, posiblemente, tuvieran su origen en la época cisterciense original en la que fue fundado el monasterio.

Asimismo, se han descubierto grandes tinajas para el depósito de aceite, que se encontraban semienterradas en la almazara y algunos pavimentos de piedra con encintados geométricos. A través de las calicatas o estudios que permiten la inspección de las cubiertas, se han documentado varios ejemplos de ánforas utilizadas para aliviar el peso de las bóvedas del pósito, junto a los sistemas de empalomado con canales hechos con ladrillo utilizado con esa misma finalidad de aligerar las bóvedas.  En total, se han recuperado 25.000 tejas que serán ampliamente reutilizadas en los techados. Por el contrario, las estructuras de madera de las cubiertas van a ser reemplazadas por otras de nueva factura a causa de su avanzado estado de deterioro.

Entre los avances más destacados alumbrados durante estos primeros meses de trabajo -una actuación que se ha realizado para definir las catas arqueológicas -, los responsables del proyecto, adjudicado a la empresa Campano tras ganar la licitación pública, destacan la documentación de una nueva cronología de la construcción de estos inmuebles agropecuarios, que permiten descubrir las conexiones existentes entre todos ellos, arrojando nueva luz sobre las dinámicas de este enclave monástico.  

De este modo, se ha establecido que tanto la almazara -de grandes dimensiones -, como el pósito -una de las edificaciones de mayor valía arquitectónica - fueron íntegramente levantados en el siglo XVIII, siendo la almazara la primera en edificarse, a lo largo de dos fases -primero la parte sur y la torre de contrapeso, ampliándose después hacia el norte-, seguida del pósito, que también se construyó en sendas etapas. Por su parte, el almacén fue edificado con posterioridad sobre la traza del desaparecido claustro de los Mármoles o del Aljibe, a finales del siglo XIX o principios del XX, con un uso de carácter eminentemente ganadero. 

  

Complejo agropecuario

La almazara se localiza en la parte norte del conjunto. Consta de una nave de fábrica de ladrillo dividida en dos crujías por una arquería de arcos de medio punto sobre pilastras con cubiertas a dos aguas. El pavimento de piezas cerámicas presenta grandes tinajas semienterradas. Tanto las cubiertas como algunas pilastras de las arquerías presentan derrumbes y problemas conservación.  

El pósito está en la zona central del conjunto edificatorio, en relación directa con la almazara con la que presenta el testero norte en común. Se trata de una edificación de dos plantas, de fábrica de ladrillo, con tres naves norte-sur, separadas por muros de carga. La planta baja está cubierta por bóvedas de cañón y de aristas, y la planta superior cuenta con una cubierta con estructura de madera. La cubierta de la nave central está resuelta con cerchas y las naves laterales con vigas. Esta edificación se encuentra adosada, en su paramento Este, a una edificación de nueva planta.

Por su parte, el almacén se localiza en la zona central del conjunto, al sur del pósito. Se trata de una edificación auxiliar, antiguos corrales abiertos al este y en la actualidad cerrada por muros perimetrales de fábrica de ladrillo y con una línea intermedia de pilastras sobre las que cargan las vigas de madera que soportan la cubierta a dos aguas, que padece un fuerte deterioro.

De Guzmán el Bueno a la Biblia del Oso

El monasterio de San Isidoro del Campo está situado en la localidad de Santiponce. Lo componen una serie de edificaciones de diversas épocas, desde el siglo XIII al XX. Fue declarado Monumento Artístico Nacional en 1872 y cuenta con la máxima protección patrimonial como Bien de Interés Cultural (BIC). Está inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, formando parte de la Red de Espacios Culturales de Andalucía.

Tiene su origen en un privilegio otorgado por Fernando IV de Castilla, a don Alonso Pérez de Guzmán, Guzmán el Bueno, en 1289, en el que se concede la jurisdicción de Santiponce y la fundación de un monasterio con capilla funeraria para él y su mujer María Alfonso Coronel. En el lugar elegido para el nuevo cenobio existía con anterioridad una ermita, donde según la tradición fue encontrado el cuerpo de San Isidoro.

Ha sido panteón de personajes ilustres, donde destacan los enterramientos de Alonso Pérez de Guzmán, el héroe de Tarifa, y sus descendientes, con sendas esculturas realizadas por Martínez Montañés, en las que son sus dos únicas obras no religiosas documentadas de toda su carrera, a excepción de un modelo de busto de Felipe IV. Martínez Montañés es también el autor del antiguo retablo de Santa Ana del enclave. En este lugar halló su sepultura Hernán Cortés, en 1547, antes de ser trasladado a México. También fue foco del grupo de erasmistas, parte de los cuales, perseguidos por el Santo Oficio, huyeron al exilio donde uno de ellos, Casiodoro de Reina, alumbró la primera traducción de la Biblia al castellano, conocida como la Biblia del Oso. 

Desde el punto de vista arquitectónico responde al estilo de monasterio-fortaleza de estilo gótico-mudéjar, en cuyos claustros y dependencias se conservan interesantes pinturas murales y lienzos de los siglos XV y XVII. En los siglos posteriores, se fueron añadiendo diversas dependencias.

Fue desamortizado en 1835, iniciándose a partir de entonces una larga etapa de abandono y destrucción. Algunas de sus dependencias fueron destinadas a usos fabriles como la manufactura del tabaco y la cerveza. También fue cárcel de mujeres. A estos avatares hay que añadir los daños ocasionados durante la Revolución Gloriosa de 1868, mientras que en 1936 estuvo a punto de ser derruido.

Posteriormente, fue ocupado por una pequeña comunidad jerónima, entre 1956 y 1978. En la década de 1990, el monasterio fue objeto de una rehabilitación centrada en diversos espacios del enclave. Es actualmente propiedad de la Fundación Casa Álvarez de Toledo y Mencos que tiene suscrito un convenio de colaboración y cesión temporal de uso compartido con la Junta de Andalucía desde 1990. En 2002 parte de sus dependencias abrieron sus puertas al público tras una restauración desarrollada en el núcleo original del enclave en los años noventa del pasado siglo. En 2025 acogió a más de 38.000 visitantes.

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