Israel Fernández, Rancapino Chico y las grandes sagas del cante jerezano traen al Real Alcázar la memoria viva del flamenco en la Bienal
El Real Alcázar vuelve a ser en la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla lo que siempre ha sido: un espacio donde el patrimonio se hace presente. Del 14 al 16 de septiembre, el Patio de la Montería acogerá a Israel Fernández, Rancapino Chico y al elenco de ‘Xerezanías’ —Luis El Zambo, Dolores Agujetas, Antonio de la Malena, Manuel Valencia y Las Tatas de Jerez—, tres propuestas que, desde orillas distintas, comparten el mismo impulso: el de un cante que sabe de dónde viene y no renuncia a ello.
La delegada de Turismo y Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, Angie Moreno, ha destacado el valor de llevar la Bienal a un enclave como el Alcázar. "El Real Alcázar es uno de los escenarios más singulares del mundo y que el flamenco lo habite cada dos años durante la Bienal no es casualidad: es la expresión más clara de que este arte forma parte del alma de Sevilla, de su historia y de su identidad. La Bienal lleva el flamenco a los grandes espacios de la ciudad, pero también a sus barrios y teatros de barrio, porque entendemos la cultura como algo que debe llegar a todos", ha señalado.
Por su parte, el director de la Bienal, Luis Ybarra, ha definido el Alcázar como el escenario que mejor encarna ese espíritu. "La programación del Alcázar es una fiesta del patrimonio. Todo lo que se representa en el patio de la Montería, frente a la fachada de Pedro I, debería recibir el distintivo de noche única, pues en ningún otro lugar se disfrutará del mismo modo. Como el propio Alcázar, la Giralda o el lienzo de la muralla almohade, el flamenco es un patrimonio que debemos proteger de igual manera", ha afirmado.
Abrirá el ciclo Israel Fernández, considerado uno de los cantaores más importantes de su generación, que llegará al Alcázar el 14 de septiembre con ‘De oro y marfil’. Nominado a los Grammy Latino y ganador del Premio Odeón al Mejor Álbum de Flamenco por ‘Amor’ (2020) —grabado junto a Diego del Morao y uno de los discos más celebrados de la música española de aquel año— y Premio de la Academia de la Música de España por ‘Pura Sangre’ (2023), Israel despliega en este espectáculo su faceta más completa como músico y artista. El piano como ornamentación central, cuerdas, coros y sus habituales músicos flamencos acompañan un recorrido de composiciones propias y revisiones de piezas clásicas que transita desde lo íntimo y lo melódico hasta lo oscuro y el desgarro.
Le tomará el relevo Rancapino Chico el 15 de septiembre con ‘Pizarra’, estreno absoluto en el que el cantaor chiclanero —hijo del gran Rancapino y biznieto de la Obispa— se adentra en los surcos de los discos de pizarra, ese tesoro sonoro que registró para la posteridad los cantes de Pastora, Tomás Pavón, Manuel Torre, el Cuacua, el Niño de Cabra o el Cojo de Málaga. Heredero de una larga saga flamenca y ganador del primer premio del Concurso de la Peña Flamenca Amigos del Cante, el artista apuesta en este estreno por beber directamente del manantial donde brota lo jondo, sin intermediarios y en su estado más esencial, bajo la dirección de Juan Valderrama Hijo. Le acompañarán a la guitarra Antonio Higuero y en las palmas Edu Gómez y Naim Real.
Sobre la noche de cierre, Ybarra ha señalado que "tras escuchar a dos figuras del cante de hoy, tendremos el alborozo de Jerez con tres sagas familiares: los Zambo, los Agujetas y los de la Malena, a quienes se suman las Tatas de Jerez con todo su carácter genuino y la dirección del guitarrista Manuel Valencia. Dos patrimonios: el Alcázar y el cante de hoy y de todos los tiempos".
Cerrará el ciclo el 16 de septiembre ‘Xerezanías’, con la que la Bienal reúne a tres grandes sagas del cante jerezano: los Zambo, los Agujetas y los de la Malena, representados en Luis El Zambo, Dolores Agujetas y Antonio de la Malena. Tres familias con marca de origen propia: la del barrio de Santiago, el sello de la Plazuela y el nexo ineludible entre Jerez y Lebrija. Artistas que basan su cante en las vivencias y que representan, cada uno con su impronta, una estética profundamente gitana que se transmite de generación en generación.
Luis El Zambo pertenece a una de las estirpes más señeras del flamenco jerezano, emparentada con los Parrilla, los Terremoto o los Sordera. Formado por transmisión oral y parte de la última generación de cantaores que aprendieron escuchando a sus mayores, su último trabajo, ‘Directo en el Círculo Flamenco de Madrid’ (2026), ha sido nominado a mejor Álbum Flamenco por la Academia de la Música de España. Dolores Agujetas, primogénita de Manuel Agujetas El Grande, heredó los sonios negros de su casta en la fragua y en las fiestas familiares, y los cristalizó en discos como ‘Hija del duende’ (2000) o ‘Mujerez’ (2009), este último premiado por la crítica nacional y convertido en exitoso espectáculo de gira. Antonio de la Malena, hijo de La Malena y depositario de la tradición más profunda del cante jerezano, apareció con nueve años en la mítica serie de TVE ‘Rito y geografía del cante’ y a los diecisiete ya compartía escenario con Camarón, Fernanda de Utrera o Terremoto.
El espectáculo, dirigido por Manuel Valencia, Giraldillo Revelación de la Bienal en 2014 y uno de los grandes exponentes del nuevo estilo de guitarra jerezana, cuenta con Manuel Salado como segunda guitarra y las palmas de Javier Peña y Juan Diego Valencia. La colaboración especial de Las Tatas de Jerez, guardianas de la esencia de la fiesta por bulerías, pondrá el broche a una noche en la que el Alcázar y el cante gitano se fundirán como dos patrimonios de una misma tierra.