'Los Luneros', el Ágora de Marchena

Artículo de Opinión de David de Arimatea

Como hijos de la cultura grecolatina, aún suspiran en nuestras psiques recuerdos de lo que fuimos, lo que dio forma a nuestra cosmovisión del mundo.

Recuerdo entusiasmado leer sobre la Grecia clásica, sobre sus grandes ciudades-estado, en la que destacaba la imponente Atenas, madre cultural y política de nuestra sociedad. Fue en el Ágora, corazón social, cultural, político y mercantil de la ciudad, donde Clístenes o Pericles establecieron las bases de la democracia. Y fue allí, bajo el mismo sol mediterráneo que hoy nos alumbra, donde Sócrates transmitió su conocimiento.

Más de dos siglos después, nuestra relación con el conocimiento ha cambiado. La mercantilización de los medios de comunicación ha penalizado el pensamiento crítico, y la polarización del pensamiento juzga y condena a todo aquel que se atreva a cuestionar  las corrientes dominantes, tal como le ocurrió al mencionado Sócrates. En eso no hemos cambiado tanto.

Nuestra relación con la información se ha vuelto fría, estéril y pueril, pues el contacto humano ha sido sustituido por elementos tecnológicos. Hoy el conocimiento ha perdido el alma, el corazón. Y este no es un arrebato anti progreso, que bienvenido sea, pero de seguir en este sendero, me temo que acabaremos siendo mentes inertes, donde la razón solo tendrá el propósito de engendrar bienes de consumo.

No obstante, dicen que la esperanza es lo último que se pierde, y un rayo de esta hace acto de presencia en nuestra localidad todos los miércoles. Los Luneros, heredera de la citada tan bien detalló Platón en su mito de la caverna. Donde cualquiera con ansias de aprender es bienvenido. Donde la asistencia no es molesta, sino agradecida.

En un mundo donde las tinieblas del pesimismo y la desesperanza caen como una losa para fomentar nuestra indiferencia y romper nuestros lazos, foros como este, actúan como resplandor para todo aquel que busque alternativa ante la monotonía y por citar mi caso, volver a sentir ilusión por escribir.

Gracias a toda la familia de Los luneros, el Ágora de Marchena, por hacernos viajar en el tiempo y rememorar lo que el ciudadano griego experimentó milenios atrás.