Prevenir antes que apagar: los Guardas Rurales, la inversión que puede salvar nuestros montes

Artículo de Opinión de Víctor Villalobos, presidente de la Asociación Hermandad Española de Guardas Rurales

Cada verano España vuelve a enfrentarse a la misma realidad. Las altas temperaturas, la sequía y el viento crean el escenario perfecto para que cualquier descuido o cualquier acción intencionada termine provocando un incendio forestal. Después llegan las imágenes que todos conocemos: montes arrasados, animales muertos, vecinos desalojados, carreteras cortadas y un enorme despliegue de medios para intentar frenar unas llamas que, en muchas ocasiones, ya son imparables.

Cuando el fuego se extingue comienza el recuento de daños. Miles de hectáreas calcinadas, ecosistemas destruidos, pérdidas económicas para agricultores y ganaderos, daños en infraestructuras y un paisaje que tardará décadas en recuperarse. Entonces se buscan responsables, se anuncian ayudas y se promete que se tomarán medidas para que no vuelva a ocurrir. Sin embargo, al año siguiente la historia vuelve a repetirse.

Quizá haya llegado el momento de cambiar la estrategia. En lugar de centrar todos los esfuerzos cuando el incendio ya está declarado, las administraciones deberían apostar mucho más por la prevención. Porque un incendio que nunca llega a producirse es el mayor éxito que puede tener cualquier política medioambiental.

En este aspecto, los Guardas Rurales pueden desempeñar un papel decisivo. Son profesionales habilitados por el Ministerio del Interior, especializados en la vigilancia y protección del medio natural y con una presencia constante sobre el terreno. Conocen los montes, las pistas forestales, los cortafuegos, los puntos de agua y las zonas donde existe un mayor riesgo. Esa experiencia les permite detectar situaciones anómalas mucho antes de que se conviertan en una emergencia.

Su trabajo no consiste únicamente en recorrer caminos. También realizan labores preventivas, controlan actividades que puedan generar un riesgo de incendio, informan a los ciudadanos sobre las normas de seguridad, vigilan el cumplimiento de las restricciones durante las épocas de mayor peligro y pueden comunicar de inmediato cualquier incidencia a los servicios de emergencia.

La detección temprana es uno de los factores más importantes para evitar que un pequeño conato termine convirtiéndose en un gran incendio forestal. En muchas ocasiones, unos pocos minutos marcan la diferencia entre apagar un fuego con rapidez o tener que movilizar decenas de efectivos terrestres y aéreos durante varios días.

Por ello, resulta difícil entender que numerosos ayuntamientos continúen sin incorporar Guardas Rurales a sus planes de prevención de incendios. Se destinan millones de euros a los dispositivos de extinción, una inversión absolutamente necesaria, pero muy poca atención a reforzar la vigilancia preventiva, que es precisamente la que puede evitar que esos recursos tengan que emplearse.

La contratación de Guardas Rurales por parte de los ayuntamientos supondría un importante refuerzo para la protección del medio natural. Durante los meses de mayor riesgo podrían realizar patrullas preventivas en zonas forestales, urbanizaciones próximas al monte, áreas recreativas, caminos rurales y espacios naturales especialmente sensibles. Su mera presencia también actúa como elemento disuasorio frente a conductas negligentes o incluso frente a posibles incendiarios.

Pero la prevención no debe recaer únicamente en las administraciones públicas. La protección del medio natural requiere la implicación de todos los actores que desarrollan su actividad en el entorno rural. En este sentido, los cotos de caza, las cooperativas agrícolas y ganaderas, las comunidades de regantes, las explotaciones forestales y otros propietarios y gestores del territorio pueden desempeñar un papel esencial mediante la contratación de Guardas Rurales para reforzar la vigilancia preventiva.

Los Guardas Rurales conocen el terreno como pocos profesionales. Su presencia diaria en fincas, explotaciones agrícolas, montes y terrenos cinegéticos les permite detectar de forma inmediata cualquier columna de humo, actividad sospechosa o situación de riesgo, dando aviso a los servicios de emergencia cuando cada minuto resulta decisivo. Además, supervisan el cumplimiento de las medidas preventivas, informan a trabajadores y usuarios del medio rural y colaboran activamente para minimizar cualquier conducta que pueda derivar en un incendio.

Las cooperativas agrícolas y ganaderas también pueden beneficiarse de esta vigilancia especializada. Un incendio no solo pone en peligro el monte, sino también cosechas, olivares, viñedos, pastos, maquinaria agrícola, instalaciones ganaderas y el sustento de cientos de familias. La contratación de Guardas Rurales supone una inversión en seguridad que protege el patrimonio de los propios agricultores y ganaderos, además de contribuir a la conservación del entorno.

Del mismo modo, los cotos de caza tienen un interés directo en la conservación de los ecosistemas. Un gran incendio destruye hábitats, elimina refugios y zonas de alimentación de la fauna silvestre y compromete durante años el equilibrio natural del territorio. La vigilancia preventiva realizada por Guardas Rurales constituye una herramienta eficaz para proteger ese patrimonio natural y garantizar la sostenibilidad de los aprovechamientos cinegéticos.

La colaboración entre ayuntamientos, cotos de caza, cooperativas agrícolas y ganaderas y propietarios forestales permitiría establecer redes permanentes de vigilancia preventiva, multiplicando la capacidad de detección temprana y reduciendo considerablemente el riesgo de que un pequeño foco termine convirtiéndose en una catástrofe.

Además, estos profesionales mantienen una estrecha colaboración con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y con los servicios de emergencias, facilitando información sobre accesos, caminos, cortafuegos, puntos de agua y cualquier circunstancia que pueda resultar de utilidad durante una intervención.

No debemos olvidar que un incendio forestal no solo destruye árboles. Arrasa hábitats completos, acaba con miles de animales silvestres, deteriora el suelo, favorece la erosión, afecta a la calidad del aire y compromete el futuro económico de muchas zonas rurales que viven de la agricultura, la ganadería, la caza, el turismo o el aprovechamiento forestal.

El coste ambiental de un gran incendio es incalculable. También lo es el sufrimiento de quienes ven desaparecer en pocas horas el trabajo de toda una vida. Por eso, hablar de prevención no es únicamente hablar de dinero; es hablar de proteger nuestro patrimonio natural, nuestra biodiversidad y la seguridad de las personas.

Los Guardas Rurales representan una figura profesional que ya existe, que cuenta con formación específica y que conoce perfectamente el medio en el que desarrolla su trabajo. No sería necesario crear nuevos cuerpos ni nuevas estructuras administrativas. Bastaría con que las administraciones locales, los cotos de caza, las cooperativas agrícolas y ganaderas y el resto de gestores del medio rural apostaran decididamente por incorporar estos profesionales a sus planes de vigilancia preventiva durante la campaña de incendios.

Invertir en prevención siempre será más rentable que asumir los enormes costes de la extinción y de la recuperación posterior. Cada euro destinado a vigilar nuestros montes puede evitar pérdidas infinitamente mayores en recursos naturales, infraestructuras y vidas.

Es el momento de dejar de actuar únicamente cuando aparecen las llamas. La verdadera protección de nuestros montes comienza mucho antes, con vigilancia, planificación y presencia permanente sobre el terreno.

Los Guardas Rurales pueden y deben formar parte de esa estrategia. La cooperación entre administraciones públicas, cotos de caza, cooperativas agrícolas y ganaderas y el conjunto del sector rural permitiría construir un modelo de prevención mucho más eficaz, basado en la vigilancia continua, la coordinación y la actuación temprana.

Porque prevenir siempre será más eficaz que apagar, y porque proteger nuestros montes hoy significa garantizar el futuro de las próximas generaciones.

No esperemos a volver a contar hectáreas calcinadas para comprender que la prevención era el mejor camino desde el principio.

Víctor Villalobos, presidente de la Asociación Hermandad Española de Guardas Rurales 

Addoor Sticky