El hito de Sevilla donde ondeó el pendón de San Fernando en 1248
Gracias a un gran reportaje de Víctor García Moreno, podemos adentrarnos en la Torre Abdelaziz. El 23 de noviembre de 1248, la historia de Sevilla cambió para siempre tras la capitulación de la ciudad ante las tropas cristianas. En ese preciso instante, la Torre Abdelaziz, una fortificación defensiva de origen musulmán erigida en el siglo XII, se convirtió en el escenario donde se izó por primera vez el pendón de San Fernando. Pese a su inmenso valor conmemorativo y su ubicación estratégica en la actual Avenida de la Constitución, esta edificación de seis lados y el anexo Arco de la Victoria continúan siendo dos de los monumentos más desconocidos para los ciudadanos y visitantes de la capital hispalense.
De baluarte defensivo a emblema del triunfo cristiano
La torre formaba parte de un complejo sistema de murallas de siete kilómetros que conectaba el recinto del Alcázar con el río Guadalquivir. Actuaba como un eslabón arquitectónico clave entre la Torre de la Plata, de ocho lados, y la famosa Torre del Oro, de doce lados. Su función original bajo el dominio almohade era estrictamente militar, diseñada para vigilar el territorio y proteger el acceso a los palacios reales.
Sin embargo, tras la entrega de la urbe por el caíd Axataf, el bastión mutó su significado por completo. Su profunda vinculación con el rey Fernando III y el fin de 500 años de poder islámico le otorgó un aura de carácter sagrado, reforzada posteriormente con la colocación de una imagen de la Virgen de la Victoria en el arco contiguo como claro homenaje al triunfo global del cristianismo.
Supervivencia frente a terremotos y el urbanismo moderno
A lo largo de los siglos, este delicado conjunto monumental se enfrentó a numerosas amenazas naturales y urbanísticas que a punto estuvieron de borrarlo del mapa de la ciudad. El devastador Terremoto de Lisboa de 1755 destruyó casi por completo el arco original de acceso. Esto obligó a una profunda reconstrucción en el año 1757 bajo los cánones estéticos del barroco clasicista sevillano, transformándolo en un elemento puramente conmemorativo a base de ladrillo y azulejería.
Ya a principios del siglo XX, la inminente modernización del trazado urbano amenazó de nuevo la supervivencia de la estructura histórica. Fue el prestigioso arquitecto Aníbal González quien, en el año 1919, logró salvar la fortificación integrándola de manera magistral en la esquina de un edificio regionalista, permitiendo que la construcción siga hoy en pie muy cerca de la Catedral.
El rescate de la memoria a través del tejido asociativo
A pesar de atesorar grandes curiosidades históricas, como la presencia del tercer castillo en el diseño original del pendón real —un posible tributo directo a la incansable logística de la Reina Berenguela de Castilla en la campaña militar—, la torre sigue pasando desapercibida para el gran público. Para revertir este inmerecido ostracismo, diversas agrupaciones cívicas como el Foro Rey Fernando III trabajan intensamente en la divulgación de este enclave.
La entidad, presidida por el divulgador histórico Víctor García Moreno, reclama a las distintas administraciones que reconozcan el peso cultural de estas piedras. El objetivo fundamental es que este testimonio tangible de la transición de la antigua medina a la ciudad cristiana recupere el prestigio que merece dentro del inmenso catálogo patrimonial que atesora Sevilla.